BOSQUE DE MENTIRAS

Hola amigos, hoy vamos hablar sobre el comportamiento de las personas que mienten, porque supongo que todos de una u otra manera, hemos mentido en nuestra viva o usted nunca mintió, que opinan, porqué mintió , a veces la verdad duele si o no, y es más, hay muchas personas que les encanta escuchar mentiras , porque no soportamos escuchar la verdad , hombres y mujeres sin excepción, espero no herir susceptibilidades, porque entre humanos estamos para ayudar a corregir nuestros errores. Veamos porque;
La persona que miente hará poco o nada de contacto visual. Una persona que está mintiendo a usted hará todo para evitar el contacto visual.

Él es renuente hacer frente a su acusador y puede dar vuelta a su cabeza o cambiar de puesto su cuerpo ausente.

Él intenta moverse lejos del acusador, posiblemente en la dirección de la salida. Habrá poco o nada de contacto físico durante su tentativa de convencerle.

Cuando preguntan un mentiroso sobre algo que él retrasa la respuesta por algunos segundos para pensar o subir con una historia falsa. En el contrario, las respuestas de la persona honesta inmediatamente de una manera espontánea.

Si hay tan muchas repeticiones de algunos puntos, significa que él carece de contestar los hechos críticos que la otra persona necesita. Eso significa que él no puede decir la verdad.

Usted puede utilizar algunos trucos simples para detectar las mentiras mientras que se enciende la conversación.

Primero hable para las cosas generales con respecto a sus suspicacias. Haga las preguntas generales y mire la respuesta del mentiroso. Si él tarda un cierto tiempo entonces para contestarle obviamente las mentiras porque él está haciendo una historia falsa, y eso requiere una cierta hora, por lo menos pocos segundos que son bastantes para que usted entienda.

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TRUCOS DEL COMERCIO.

El vendedor está pidiendo sus manías para crear un enlace con el cliente potencial. Por ejemplo: ¿“Le veo tener compartimientos del animal doméstico? usted tiene animales domésticos?” “Hago sí.” “Hace tan I!”

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ACUERDOS GRASIENTOS.

Cuándo usted tiene alguien a convenir todo el tiempo con usted, incluso con algunas discusiones que usted utiliza esa carencia de la racionalidad? entonces guárdese. Es una respuesta falsa para conseguir su aprobación y condolencia, aunque la mayor parte de los tiempos que la actitud consiga los resultados opuestos.

PIDA PEQUEÑOS FAVORES.

No hay pequeños favores. El poco lleva siempre el grande. Si alguien guarda el pedir que de usted pequeñas cosas haga, la mayor parte de los tiempos, no siempre, están buscando la acción valiosa que él está esperando para que usted haga.

La razón de pedir el pequeño un primer es que cuando usted dice “sí”, usted crea el modo de pensar apropiado cuál vendrá inevitable al grande “sí”.

Cómo se dan cuenta que una persona les miente alevosamente??? yo me guió por la teoría y la práctica, si en teoría me dice "soy millonario" y en la práctica nunca tiene un mango ni para un café, no es tan millonario que digamos
Dicen que si no te ven a los ojos cuando hablan, si los notas muy nerviosos.

Si le vuelves a preguntar y te cambia la situación. Cuando te das cuenta que está muy exagerada la historia, donde casi te cuentan que conocen a todas las celebridades del mundo en el detalle de tu pregunta ya te respondiste, obvio que si te dice que es millonario y no tiene para un café no es millonario y con eso ya te darías cuenta de que no es una persona autentica, salvo que te guste que esa persona sea así o que pienses "si a el le hace bien mentir...que me mienta".Ya te diste cuenta que miente no entiendo a que apuntas o modifica la pregunta para algo mas especifico.

Existen "mentirosos" y "mentirosas", los hay "mitómanos", o mentirosos compulsivos, que viven su mentira como real, que son casos patológicos, los mentirosos profesionales y los "casuales".

De todos estos, los más peligrosos son los "profesionales", donde figuran los estafadores, ladrones, delincuentes etc., pero aún a ellos se les puede detectar cuando mienten.

Fíjate en su mirada, que es arisca y evasiva y en las contradicciones en que pueden caer cuando les haces la misma pregunta de diversa forma y varias ocasiones.

Normalmente, cuando te sueltan cualquier mentira no suelen mirarte a la cara, o se rascan en forma de tic en cualquier parte del cuerpo. Aparte está también tu insistencia en que repita lo que creas que es difícil de que te lo tragues. Si al insistir notas cierto nerviosismo en él, es que te está mintiendo.

La respuesta es que les des tiempo ellos mismos se contradicen, hoy te dicen blanco y mañana negro, una persona mentirosa a veces lo hace tan bien, que no te das cuenta hasta que ves que muchas cosas no empiezan a encajar entre lo que dice y lo que hace.

AMOR

Por algo dicen la mentiras tienen patas cortas. Tarde o temprano te das cuenta, te decepcionas y por un tiempo dejar de creer en las personas.

Peor es cuando a parte de mentirosa es maliciosa. A todos nos ha pasado cruzarnos con gente así.

Es muy feo sentirse burlado y cuesta volver a confiar en otras personas. Lo mejor es alejarse.

Soy de las personas que piensan que si tenemos algo en esta vida debemos callarlo y ser humildes y no andar divulgando pues esto crearía una inseguridad en nuestras vidas futuras, siendo que ahora todo es peligroso.

He conocido y he convivido con personas que mienten y que creen en sus mentiras. Yo creo que es un problema de autoestima porque creen tenerlo todo cuando no lo tienen y como ven que la otra persona lo tiene todo no quieren quedarse atrás.

He tratado de sobrellevar a estas personas no haciéndoles caso y tampoco preguntándoles para descubrir si es verdad o mentira y la verdad es que me he llevado muy bien con todas ellas y he descubierto que su naturaleza es así pero que también tienen muchísimas virtudes que opacan sus mentiras.

Te mentiría si te digo que no me molesta ni me enojan sus mentiras, pero si les digo que son mentirosos(as) cambiarán? no lo creo, por eso es mejor no hacerles caso y seguirles la corriente.

REFLEJO DE

QUE ES LA MENTIRA.

Si una persona que a uno le resulta molesta falta a la verdad, es fácil que la llamemos mentirosa, pero en cambio es muy fácil que la llamemos mentirosa, pero en cambio es muy difícil que empleemos ese término por grave que haya sido su falta a la verdad, si simpatizamos con ella o la admiramos.

Sin embargo, para mi definición de lo que es mentir o engañar (utilizo estos términos en forma indistinta), estas cuestiones carecen de significatividad. Muchas personas —por ejemplo, las que suministran información falsa contra su voluntad— faltan a la verdad sin por ello mentir. Una mujer que tiene la idea delirante de que es María Magdalena no es una mentirosa, aunque lo que sostiene es falso.

Dar a un cliente un mal consejo en materia de inversiones financieras no es mentir, a menos que en el momento de hacerlo el consejero financiero supiera que estaba faltando a la verdad. Si la apariencia de alguien transmite una falsa impresión no está mintiendo necesariamente, como no miente la Sor religiosa que apela al camuflaje para asemejarse a una hoja, como no miente el individuo cuya ancha frente sugiere un mayor nivel de inteligencia del que realmente está dotado.

Un mentiroso puede decidir que no va a mentir. Desconcertar a la víctima es un hecho deliberado; el mentiroso tiene el propósito de tenerla mal informada. La mentira puede o no estar justificada en opinión del que la dice o de la comunidad a la que pertenece.

El mentiroso puede ser una buena o una mala persona, puede contar con la simpatía de todos o resultar antipático y desagradable .a todos. Pero lo importante es que la persona que miente está en condiciones de elegir entre mentir y decir la verdad, y conoce la diferencia, Los mentirosos patológicos, que saben que están faltando a la verdad pero no pueden controlar su conducta, no cumplen con mis requisitos.

Tampoco aquellos individuos que ni siquiera saben que están mintiendo, de los que a menudo se dice que son víctimas del autoengaño. Un mentiroso puede llegar a creer en su propia mentira con el correr del tiempo; en tal caso, dejaría de ser un mentiroso, y sería mucho más difícil detectar sus faltas a la verdad, por razones que explicaré más adelante.

Para definir una mentira no sólo hay que tener en cuenta al mentiroso sino también a su destinatario, Hay mentira cuando el destinatario de ella no ha pedido ser engañado, y cuando el que la dice no le ha dado ninguna notificación previa de su intención de mentir.

Sería extravagante llamar mentirosos a los actores teatrales; sus espectadores han aceptado ser engañados por un tiempo; por eso están ahí. Los actores no adoptan , como lo hace un estafador, una personalidad falsa sin alertar a los demás de que se trata de una pose asumida sólo por un tiempo.

Ningún cliente de un asesor financiero seguiría a sabiendas sus consejos si éste le dijese que la información que va a proporcionarle es muy convincente…, pero falsa.
En mi definición de una mentira o engaño, entonces, hay una persona que tiene el propósito deliberado de engañar a otra, sin notificarla previamente de dicho propósito ni haber sido requerida explícitamente a ponerlo en práctica por el destinatario.

Existen dos formas fundamentales de mentir: ocultar y falsear. El mentiroso que oculta, retiene cierta información sin decir en realidad nada que falte a la verdad. El que falsea da un paso adicional: no sólo retiene información verdadera, sino que presenta información falsa como si fuera cierta.

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OCULTAMIENTO Y FALSEAMIENTO.

A menudo, para concretar el engaño es preciso combinar el ocultamiento con el falseamiento, pero a veces el mentiroso se las arregla con el ocultamiento simplemente.
No todo el mundo considera que un ocultamiento es una mentira; hay quienes reservan este nombre sólo para el acto más notorio del falseamiento. Si un médico no le dice a su paciente que la enfermedad que padece es terminal, si el marido no le cuenta a la esposa que la hora del almuerzo la pasó en un motel con la amiga más íntima de ella, si el detective no le confiesa al sospechoso que un micrófono oculto está registrando la conversación que éste mantiene con su abogado, en todos estos casos no se transmite información falsa, pese a lo cual cada uno de estos ejemplos se ajusta a mi definición de mentira.

Los destinatarios no han pedido ser engañados y los ocultadores han obrado de forma deliberada, sin dar ninguna notificación previa de su intento de engañar. Han retenido la información a sabiendas e intencionadamente, no por casualidad.

Hay excepciones: casos en que el ocultamiento no es mentira, porque hubo una notificación previa o se logró el consentimiento del destinatario para que lo engañasen. Si marido y mujer concuerdan en practicar un “matrimonio abierto” en que cada uno le ocultará sus amorfos al otro a menos que sea interrogado directamente, no sería una mentira que el primero callase su encuentro con la amiga de su esposa en el motel.

Si el paciente le pide al médico que no le diga nada en caso de que las noticias sean malas, no será una mentira del médico que se guarde esa información. Distinto es el caso de la conversación entre un abogado y su cliente, ya que la ley dispone que, por sospechoso que éste sea para la justicia, tiene derecho a esa conversación privada; por lo tanto, ocultar la trasgresión de ese derecho siempre será mentir.

Cuando un mentiroso está en condiciones de escoger el modo de mentir, por lo general preferirá ocultar y no falsear. Esto tiene muchas ventajas. En primer lugar, suele ser más fácil: no hay nada que fraguar ni posibilidades de ser atrapado antes de haber terminado con el asunto. Se dice que Abraham Lincoln declaró en una oportunidad que no tenía suficiente memoria como para ser mentiroso. Si un médico le da a su una explicación falsa sobre la enfermedad que padece para ocultarle que lo llevará a la tumba, tendrá que acordarse de esa explicación para no ser incongruente cuando se le vuelva a preguntar algo, unos días después.

También es posible que se prefiera el ocultamiento al falseamiento porque parece menos censurable. Es pasivo, no activo. Los mentirosos suelen sentirse menos culpables cuando ocultan que cuando falsean, aunque en ambos casos sus víctimas resulten igualmente perjudicadas.

El mentiroso puede tranquilizarse a sí mismo con la idea de que la víctima conoce la verdad, pero no quiere afrontarla. Una mentirosa podría decirse: “Mi esposo debe estar enterado de que yo ando con alguien, porque nunca me pregunta dónde he pasado la tarde. Mi discreción es un rasgo de bondad hacia él; por cierto que no le estoy mintiendo sobre lo que hago, sólo he preferido no humillarlo, no obligarlo a reconocer mis amorfos”.

Por otra parte, las mentiras por ocultamiento son mucho más fáciles de disimular una vez descubiertas. El mentiroso no se expone tanto y tiene muchas excusas a su alcance: su ignorancia del asunto, o su intención de revelarlo más adelante, o la memoria que le está fallando, etc., etc. El testigo que declara bajo juramento que lo que dice fue tal como lo dice “hasta donde puede recordarlo”, deja abierta la puerta para escapar por si más tarde tiene que enfrentarse con algo que ha ocultado.

El mentiroso que alega no recordar lo que de hecho recuerda pero retiene deliberadamente, está a mitad de camino entre el ocultamiento y el falseamiento. Esto suele suceder cuando ya no basta no decir nada: alguien hace una pregunta, se lo reta a tablar. Su falseamiento consiste en no recordar, con lo cual evita tener que recordar una historia falsa; lo único que precisa recordar es su afirmación falsa de que la memoria le falla.

Y si más tarde sale a luz la verdad, siempre podrá decir que él no mintió, que sólo fue un problema de memoria.
Un fallo de la memoria sólo resulta creíble en limitadas circunstancias. Si al médico se le pregunta si los análisis dieron resultado negativo, no puede contestar que no lo recuerda, ni tampoco el detective puede decir que no recuerda si se coloca ron los micrófonos en la habitación del sospechoso.

Un olvido así sólo puede aducirse para cuestiones sin importancia o para algo que sucedió tiempo atrás. Ni siquiera el paso del tiempo es excusa suficiente para no recordar hechos extraordinarios que supuestamente todo el mundo recordará siempre, sea cual fuere el tiempo que transcurrió desde que sucedieron.

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Pero cuando la víctima lo pone en situación de responder, el mentiroso pierde esa posibilidad de elegir entre el ocultamiento y el falseamiento. Si la esposa le pregunta al marido por qué no estaba en la oficina durante el almuerzo, él tendrá que falsear los hechos si pretende mantener su amorío en secreto. Podría decirse que aun una pregunta tan común como la que se formula durante la cena, “¿Cómo te fue hoy, querido?”, es un requerimiento de información, aunque es posible sortearlo: el marido aludirá a otros asuntos que ocultan el uso que dio de ese tiempo, a menos que una indagatoria directa lo fuerce a elegir entre inventar o decir la verdad.

Hay mentiras que de entrada obligan al falseamiento, y para las cuales el ocultamiento a secas no bastará. La paciente no sólo debía ocultar su angustia y sus planes de suicidarse, sino también simular sentirse mejor y querer pasar el fin de semana con su familia. Si alguien pretende obtener un empleo mintiendo sobre su experiencia previa, con el ocultamiento solo no le alcanzará: deberá ocultar su falta de experiencia, sí, pero además tendrá que fabricarse una historia laboral.

Para escapar de una fiesta aburrida sin ofender al anfitrión no sólo es preciso ocultar la preferencia propia por ver la televisión en casa, sino inventar una excusa aceptable —una entrevista de negocios a primera hora de la mañana, problemas con la chica que se queda a cuidar a los niños, o algo semejante.

También se apela al falseamiento, por más que la mentira no lo requiera en forma directa, cuando el mentiroso quiere encubrir las pruebas de lo que oculta. Este uso del falseamiento para enmascarar lo ocultado es particularmente necesario cuando lo que se deben ocultar son emociones.

Es fácil ocultar una emoción que ya no se siente, mucho más difícil ocultar una emoción actual, en especial si es intensa. El terror es menos ocultable que la preocupación, la furia menos que el disgusto. Cuanto más fuerte sea una emoción, más probable es que se filtre alguna señal pese a los denodados esfuerzos del mentiroso por ocultarla.

Simular una emoción distinta, una que no se siente en realidad, puede ayudar a disimular la real. La invención de una emoción falsa puede encubrir la autodelación de otra que se ha ocultado.

PAISAJE

MENTIRA Y EMOCIONES

Ponerse una máscara es la mejor manera de ocultar una emoción, Si uno se cubre el rostro o parte de él con la mano o lo aparta de la persona que habla dándose media vuelta, habitualmente eso dejará traslucir que está mintiendo.
La mejor máscara es una emoción falsa, que desconcierta y actúa como camuflaje. Es terriblemente arduo mantenerse impávido o dejar las manos quietas cuando se siente una emoción intensa: no hay ninguna apariencia más difícil de lograr que la frialdad, neutralidad o falta de emotividad cuando por dentro ocurre lo contrario, Mucho más fácil es adoptar una pose, detener o contrarrestar con un conjunto de acciones contrarias a aquellas que expresan los verdaderos sentimientos.

Para ocultar una emoción cualquiera, puede inventarse cualquier otra emoción falsa. La más habitualmente utilizada la sonrisa. Actúa como lo contrario de todas las emociones creativas: temor, ira, desazón, disgusto, etc. Suele elegírsela porque para concretar muchos engaños el mensaje que se necesita es alguna variante de que uno está contento.

El empleado desilusionado porque su jefe ha promocionado a otro en lugar de él le sonreirá al jefe, no sea que éste piense que se siente herido o enojado. La amiga cruel adoptará la pose de bienintencionada descargando sus acerbas críticas con una sonrisa de sincera preocupación.

Otra razón por la cual se recurre tan a menudo a la sonrisa como máscara es que ella forma parte de los saludos convencionales y suelen requerirla la mayoría de los intercambios socia les corteses.

Aunque una persona se sienta muy mal, por lo común no debe demostrarlo para nada ni admitirlo en un intercambio de saludos; más bien se supone que disimulará su malestar y lucirá la más amable sonrisa al contestar: “Estoy muy bien, gracias, ¿y usted?”. Sus auténticos sentimientos probablemente pasarán inadvertidos, no porque la sonrisa sea una máscara tan excelente, sino porque en esa clase de intercambios corteses a la gente rara vez le importa lo que siente el otro.

Todo lo que pretende es que finja ser amable y sentirse a gusto. Es rarísimo que alguien se ponga a escrutar minuciosamente lo que hay detrás de esas sonrisas: en el contexto de los saludos amables, todo el mundo está habituado a pasar por alto las mentiras. Podría aducirse que no corresponde llamar mentiras a estos actos, ya que entre las normas implícitas de tales intercambios sociales está la notificación previa de que nadie transmitirá sus verdaderos sentimientos.

Otro de los motivos por los cuales la sonrisa goza de tanta popularidad como máscara es que constituye la expresión facial de las emociones que con mayor facilidad puede producirse a voluntad. Mucho antes de cumplir un año, el niño ya sabe sonreír en forma deliberada; es una de sus más tempranas manifestaciones tendentes a complacer a los demás.

A lo largo de toda la vida social, las sonrisas presentan falsamente sentimientos que no se sienten pero que es útil o necesario mostrar. Pueden cometerse errores en la forma de evidenciar estas sonrisas falsas, prodigándolas demasiado o demasiado poco.

También puede haber notorios errores de oportunidad, dejándolas caer mucho antes de la palabra o frase a la que deben acompañar, o mucho después. Pero en sí mismos los movimientos que llevan a producir una sonrisa son sencillos, lo que no sucede con la expresión de todas las demás emociones.

A la mayoría de la gente, las emociones que más les cuesta fraguar son las negativas. Mi investigación revela que la mayor parte de los sujetos no son capaces de mover de forma voluntaria los músculos específicos necesarios para simular con realismo una falsa congoja o un falso temor. El enojo y la repulsión no vivenciados pueden desplegar- se con algo más de facilidad, aunque se cometen frecuentes equivocaciones.

Si la mentira exige falsear una emoción negativa en lugar de una sonrisa, el mentiroso puede verse en aprietos. Hay excepciones: Hitler era, evidentemente, un actor superlativo, dotado de una gran capacidad para inventar convincentemente emociones falsas.

En una entrevista con el embajador inglés se mostró terriblemente enfurecido, gritó que así no se podía seguir hablando y se fue dando un portazo; un oficial alemán presente en ese momento contó más adelante la escena de este modo: “Apenas había cerrado estrepitosamente la puerta que lo separaba del embajador, lanzó una carcajada, se dio una fuerte palmada en el muslo y exclamó: ‘¡Chamberlain no sobrevivirá a esta conversación! Su gabinete caerá esta misma noche’

ROSTRO DULCE

OTRAS FORMAS DE DETECTAR MENTIRAS

Otra técnica parecida consiste en decir la verdad de una manera retorcida, de tal modo que la víctima no la crea. O sea, decir la verdad... falsamente. O también recurriendo, a propósito, a la exageración.

Un ardid semejante al de decir falsamente una verdad es ocultarla a medias. Se dice la verdad, pero sólo de manera parcial. Una exposición insuficiente, o una que deja fuera el elemento decisivo, permite al mentiroso preservar el engaño sin decir de hecho nada que falte a la verdad.

Otra técnica que permite al mentiroso evitar decir algo que falte a la verdad es la evasiva por inferencia incorrecta. El columnista de un periódico describió humorísticamente cómo es posible apelar a ella para resolver el conocido intríngulis de tener que emitir una opinión ante la obra de un amigo cuando esa obra a uno no le gusta. Supongamos que es el día de la inauguración de su exposición de cuadros.

Uno piensa que los cuadros de su amigo son un espanto, pero este aquí que antes de poder deslizarse hacia la puerta de salida nuestro amigo viene a estrecharnos la mano y sin demora nos pregunta qué opinamos:

La virtud de esta estratagema, como la de la verdad a medias o la de decir la verdad falsamente, consiste en que el mentiroso no se ve forzado a faltar en modo alguno a la verdad. Sin embargo, considero que éstas son mentiras de todas maneras, porque hay un propósito deliberado de despistar al destinatario sin darle ninguna notificación previa.

Algún aspecto del comportamiento del mentiroso puede traicionar estas mentiras. Existen dos clases de indicios del engaño: un error puede revelar la verdad, o bien puede sugerir que lo dicho o lo hecho no es cierto sin por ello revelar qué es lo cierto. Cuando por error un mentiroso revela la verdad, yo lo llamo autodelación; y llamo pista sobre el embuste a las características de su conducta que nos sugieren que está mintiendo pero no nos dicen cuál es la verdad.

Si el médico de una paciente que miente nota que ella se retuerce las manos al mismo tiempo que le dice que se siente muy bien, tendrá una pista sobre su embuste, una razón para sospechar que ella le miente; pero no sabrá cómo se siente realmente podría estar rabiosa por la mala atención que se le brinda en el hospital, o disgustada consigo misma, o temerosa por su futuro, salvo que ella cometa una autodelación. Una expresión de su rostro, su tono de voz, un desliz verbal o ciertos ademanes podrían traslucir sus auténticos sentimientos.

Una pista sobre el embuste responde al interrogante de si el sujeto está o no mintiendo, pero no revela lo que él oculta: sólo una autodelación puede hacerlo. Con frecuencia, eso no importa. La pista sobre el embuste es suficiente cuando la cuestión es saber si la persona miente, más que saber qué es lo que oculta. En tal caso no se precisa ninguna autodelación. La información sustraída puede imaginarse, o no viene al caso. Si un gerente percibe, gracias a una pista de este tipo, que el candidato que se presentó para el cargo le está mintiendo, con eso le basta, y no necesita ninguna autodelación del candidato para tomar la decisión de no emplear en su empresa a un mentiroso.

PASION

COMO SABER SI ALGUIEN ESTA MINTIENDO

En realidad es muy fácil saber si alguien miente. El principio es el siguiente: a nadie le gusta decir mentiras así que invariablemente lo va a manifestar de alguna forma mediante su cuerpo.
Para detectar una mentira, basta con que observes a la otra persona. Si se toca la cara o se acerca la mano hacia alguna parte de la cara, es muy probable que no le esté gustando lo que dice y que por consiguiente esté mintiendo. Tal vez se talle los ojos, se rasque la nariz o se pase el dorso de la mano por la boca. Es como un gesto que dice “no quiero ver esto”, o “no quiero oír lo que digo” o “no quisiera que mi boca profiriera esto”.

Los mentirosos más hábiles son capaces de contenerse y no tocarse la cara con su mano. Pero aún así tienen que manifestar la mentira de manera corporal. Por ejemplo, dilatan los ojos, voltean hacia otro lado, hacen algún gesto con la boca, tosen o jalan aire rápidamente por la nariz.

El mentiroso habitual sabe perfectamente cuando alguien no le cree, especialmente si no le decimos que no le creemos, pues cuando es así, nosotros le mentimos al mentiroso y tendemos a hacer algún ademán como los que describo y nos tocamos la cara o hacemos un gesto.

ROSA ROSADA

Suerte y felicidades a todos!!

Jaime Pérez.

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